23enero
2021

La ciudad como programa mental

Detrás de eso que piensas que es normal se esconden las respuestas que necesitas

Más que un lugar, la ciudad se caracteriza por la naturaleza programada y homogeneizada de las actividades e interacciones humanas; en palabras más simples, en la ciudad, todos terminamos haciendo lo mismo, de diferentes formas.

Sean cuales sean las causas, te parezca bueno o malo, ser de la ciudad implica adquirir patrones de pensamiento y vida radicalmente distintos a los que tuviéramos si viviéramos en otras instancias pero muy parecidos a todos los demás urbanitas. 

Al ser proyectos industriales alimentados por corporaciones (formas de consciencia colectiva artificiales cada vez más fuertes) las ciudades te proveerán de comodidades, oportunidades y entretenimiento infinito, a cambio se alimentan de tu energía; suena justo. Sin embargo, se ven amenazadas por una sola cosa:  tu soberanía individual.

Mientras más grande es la ciudad, más es la presión para abandonar el criterio propio y sobre todo la responsabilidad.

La ilusión de la elección

Según mis indagaciones informales, el moto de la vida urbana es la elección: abrazamos y celebramos el poder elegir qué consumir y cómo decorar nuestra existencia. Nos emociona poder escoger entre 19.000 modelos de celulares, 10 tipos de leche, cientos de miles de modelos de cámaras, TV, colores de pintura de cabello; celebramos el poder de elegir comer comidas de todos los países del mundo sin caminar 5 cuadras. 

Para muchos, ciudad significa: "El derecho a consumir todo lo que quiera", cuando quiera, suficiente beneficio como para tolerar condiciones de vida incómodas, patológicas, indignas o contaminantes.

Lo que los urbanitas no tienen en cuenta es que la frustración producto de la paradoja de la elección (ve el video) alimenta conductas de consumo compulsivo insostenibles, tanto psicológica como ecológicamente. En palabras más simples, el darle tienda suelta a tu demonio consumista interno, solo trae más frustración... y más consumo; uno del que no te podrás responsable.

Desconectarse

Lo que primordialmente nos caracteriza como urbanitas es  ese tremendo poder para desconectar lo que venía conectado:

  1. Percibimos todo lo que nos rodea como algo externo, ajeno, responsabilidad de otro, ya sea vecinos, comunidad, región, naturaleza... o el mundo.
  2. Perdemos el contacto con el origen de lo que comemos y usamos
  3. Se nos olvida de dónde provienen la energías que nos mantienen vivos
  4. Ignoramos por completo las consecuencias de la actividad industrial que nos permite vivir en esta fantasía de comodidad y abundancia
  5. Nos desconectamos  tanto que se nos olvida el significado de las palabras "Insostenible".
  6. Se nos olvida la sagrada relación entre las acciones y las consecuencias

Para nosotros carne significa "eso que compro en el supermercado", luz significa "eso que aparece cuando le doy al switch", agua, "eso que sale por el grifo" y desechos ,"eso que desaparece cuando bajo la cadena".

A pesar de que en las ciudades vivimos amontonados, nos desconectamos de toda noción de comunidad, cooperación

La desconexión en la ciudad al mismo tiempo una causa, un efecto y una necesidad; sobrevivir en una gran urbe europea significa invertir casi el 100% de tu energía en un trabajo (y por ende , casi el 0 en entender tu realidad), la falta de tiempo  es tan abrumadora que pedirle a una persona común  que piense en algo que no sea  su inmediatez es casi un insulto.

Definir la realidad a través de una pantalla

Acompañando la desconexión primordial vienen muchos otros juguetes, como esa extraordinaria pasión que tenemos por vivir la vida a través de lo que vemos  en las pantallas; la existencia urbana se ha convertido en una experiencia primordialmente mental, al mismo tiempo que nos vamos haciendo cada vez más  torpes en las relaciones presenciales.

Nos acostumbramos a que de la pantalla proviene todo: la información, el trabajo, la diversión, las conexiones, oportunidades, viajes y compras.

Cuando defines la realidad a través de lo que ves en pantalla, comienzas a confundir lo que otros te cuentan sobre "los hechos" con "la verdad"; se te olvida que ésta es un estado propio, individual y emocional y te acostumbras a definir tu mundo en base a las noticias.

La necesidad vital de distraerse

Lo que antes era una golosina, se convirtió en ley de vida. El entretenimiento y la diversión en la ciudades se han convertido en uno de los ejes sagrados de su existencia.

¿en serio nunca te has preguntado por qué tanta necesidad de distracción? ¿Por qué tantas horas viendo TV? ¿Para olvidarse de que?... Mejor aún... ¿Te has preguntado qué aspectos importantes de tu vida requieren un poquito de esa atención y tiempo que dedicamos a distraernos? 

El dinero

A medida que perdemos identidad para alimentar a las nuevas conciencias colectivas artificiales, tendemos a hacer el dinero la única forma de energía que aceptamos como valioso. Experiencias, relaciones, opciones y diversidad se diluyen en la subjetividad y la irrelevancia.

Ser de la ciudad implica en gran medida reemplazar toda forma de energía por dinero, reemplazar las vivencias por su acumulación y la prosperidad con su exceso.

El problema con eso es que, por más que queramos, por mucho que nos desconectemos, seguimos siendo (sobre todo, nuestros cuerpos) parte de una naturaleza con leyes y procesos propios de los que no podemos escapar y que tae o temprano se no presentan, poniendo en evidencia lo muy incompetentes que nos estamos volviendo en gestionar nuestra propia salud.

La delegación de la responsabilidad

El trato que aceptas al ocupar el 90% de tu tiempo trabajando en una ciudad es aceptar el delegar todas tus responsabilidades humanas al gobierno, gestor y garante del entorno urbano. El urbanita promedio duerme tranquilo asumiendo que a cambio de su trabajo y obediencia,  el estado se encargará de todo lo que hay que encargarse:

  • El manejo de los desechos
  • La prevención de la contaminación
  • La eficiencia energética
  • La protección de otras especies

Independientemente de que los gobiernos hagan ese trabajo o no, nos acostumbramos a desentendemos de la noción de responsabilidad hacia el mundo; restringiéndola a nuestro círculo íntimo.

La paradoja de la elección

La ciudad siempre fue un centro de abundancia material y escases espiritual;  Muchos amamos el tener la opción de elegir entre cientos de opciones aunque eso nos traiga todo lo contrario a lo que buscamos

Cuando millones de humanitos se reúnen a compartir las cosas más básicas de la vida, el pan y el vino se adueñan de la escena. Los altos niveles de programación, compromiso y estrés generados en el entorno urbano típico 

 

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