29mayo
2021

La Tarima

Durante el zenit de las protestas contra la dictadura en mi país, se reunían las personas en una plaza a protestar contra el dictador.

Era el año 2004, en la plaza había una gran tarima. Continuamente, personajes , oradores con soltura y sin miedo escénico alguno se montaban en ella a hablar al pueblo reunido: "He recibido confirmación de fuente fiel,  que en breves horas, el dictador caerá" decían, cada quién a su manera y agregando detalles mucho más específicos, desde "ya ha firmado su renuncia ante el general x" hasta "ya van en camino escuadrones de las fuerzas patriotas para apresarlo" y muchísimas afirmaciones más, todas muy certeras, con fechas, horas, lugares y demás.

Fuí a la plaza un sólo dia, escuché alrededor de 14 discursos y lo que más me inquietó fue preguntar

"¿Cómo sabe esta persona todo eso? ¿Será que sabe algo, es parte del comando de la resistencia? ¿Cómo le permiten soltar información tan privilegiada de algo que se supone secreto?"

Estaba solo en mi preocupación, mis preguntas no se escuchaban entre la algarabía; una amiga que permaneció cada día y noche en esa plaza durante 1 mes, totalmente enfocada en el asunto y ofuscada por mis dudas, me respondió que no sabía, pero que confiaba:

No puede ser mentira, mira la precisión de lo que está diciendo, ese señor sabe lo que está diciendo! ¡vamos a ser libres Rafael, ya falta poco!

Llevados por las muchas ganas que tenían de que se acabara la dictadura, la multitud lloró, gritó y aplaudió con fervor a cada uno de los cientos de oradores que ocuparon esa tarima: políticos de la oposición, artistas, estrellas de tv y muchos desconocidos; cada uno tenía su estilo, unos llegaban con un papel en la mano, muy perturbados como quién recibe una noticia de último momento, otros con aires de grandeza, otros pedían cantar alguna canción folklórica y muchos, a rezar avemarías, padrenuestros y otras oraciones que todos se sabían menos yo .

Mi amiga, que cantó todas las canciones y rezó todas las oraciones ya no podía con mi cara de incredulidad y me dijo:

- Es mejor que te vayas a tu casa, tu no quieres estar aquí.-

- Y tu? no te vas a ir ? ya tienes un mes en esta plaza! descansa un poco, báñate, come algo, ve con tu madre, no se... hacer tu vida...? - pregunté

- ¡Yo de aquí no me muevo hasta que no caiga el dictador!- insistió.

Me fui a casa.

A los 30 minutos de haberme ido, llegó un comando encubierto de la dictadura a disparar a mansalva a la multitud para disolverla (para siempre), entre los heridos, estuvo mi amiga que recibió un disparo en la rodilla.

El dictador nunca cayó, se hizo mucho más fuerte y murió varios años después por mérito propio.

La dictadura no se acabó, se acentuó y todavía está instaurada, el país cayó en bancarrota y quiénes se quedaron se arruinaron materialmente.

Mi amiga no volvió a caminar bien, vivió un calvario de operaciones y hospitales que duró 15 años que arruinó a su familia en gastos médicos.

Y al final, nadie respondió mi pregunta:

¿y de dónde sacaban esos oradores esas noticias certeras y determinantes acerca de cosas que nunca ocurrieron?

Y con los años, esa pregunta parió otras:

  • ¿Mintieron por popularidad?
  • ¿Alguien les mintió a ellos?
  • ¿Será un efecto de la tarima?

Y otras, más incómodas aún para los que aprecian la esperanza

  • ¿Se puede fabricar información a punta de esperanza?
  • ¿Por qué tanta gente cede su sentido común ante el miedo de afrontar las consecuencias de sus actos?
  • ¿Será que hay relación entre la dificultad para aceptar las consecuencias, la cantidad de miedo y el fervor de la esperanza?

Ahora, otra dictadura mucho más terrorífica se cierne sobre nuestras cabezas, vuelvo a ver las tarimas; tarimas digitales en las que ahora los discursos son cadenas mensajería, los comandos no son solo patriotas sino también galácticos, los oradores con información privilegiada son cientos de miles y los datos van desde canalizaciones desde el centro de la galaxia hasta conjunciones astrológicas, pasando por mensajes encriptados de Q...

Pero el proceso es exactamente el mismo.

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